Salve, Regina (Dios te Salve, Reina y Madre)
La Salve—también conocida como Salve Regina—es una de las oraciones marianas más apreciadas en la tradición católica. Rezada especialmente al final del Rosario, expresa una profunda confianza en María como nuestra Madre compasiva e intercesora. Con un lenguaje emotivo, reconoce las pruebas de la vida terrenal y se dirige con confianza a María en busca de consuelo, guía y la esperanza de ser llevados a su Hijo, Jesucristo.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
